Frente a un error, la reacción más natural suele ser buscar una explicación externa: las circunstancias, otra persona, la mala suerte. Esa explicación puede incluso ser cierta en parte. Pero buscarla primero, antes de preguntarse qué parte correspondía a uno mismo, es una forma sutil de evadir.
Asumir responsabilidad no significa cargar con culpas que no corresponden. Significa, simplemente, preguntarse primero qué se pudo controlar, antes de señalar lo que no.
La diferencia entre explicar y responder
Explicar un error casi siempre busca, aunque sea sin intención, reducir la incomodidad de quien lo cometió. Responder por él busca algo distinto: entender qué se puede hacer diferente la próxima vez. Son dos actitudes que pueden sonar parecidas y que llevan a lugares completamente distintos.
Explicar un error protege el ego por un momento. Responder por él es lo único que realmente construye algo duradero.
La próxima vez que algo salga mal, vale la pena notar cuál de las dos reacciones aparece primero — y elegir, aunque cueste, la segunda.