Existe una tendencia a confundir la amabilidad con la ausencia de fricción. Se evita decir lo incómodo por miedo a incomodar, y esa evitación se presenta ante uno mismo como una forma de cuidado hacia el otro.
Pero muchas veces esa decisión protege, sobre todo, la comodidad de quien calla — no evita el daño, solo lo pospone o lo transfiere a alguien más adelante, cuando ya sea más difícil de corregir.
Decir la verdad con cuidado, no evitarla por comodidad
No se trata de decir cualquier verdad de cualquier forma. Se trata de reconocer que existe una diferencia entre callar por consideración genuina hacia el momento, y callar simplemente porque decir la verdad resulta incómodo para quien la tiene que decir.
Callar lo incómodo no siempre protege al otro. A veces solo protege la comodidad de quien decide no decirlo.
Vale la pena revisar, la próxima vez que se elija el silencio, a quién está protegiendo realmente esa decisión.